Nadal, un héroe

El domingo pude ver la final de Wimbledon en directo, a través de Digital+. Valga por delante que, para mí, Wimbledon dista mucho de ser el mejor torneo del mundo, como los británicos se afanan en publicitar. Cierto es que tiene una gran tradición y una larga historia, pero algunos de los episodios que se han vivido durante este año, como el partido de 5 días que jugó Nadal, dejan a la altura del betún esa tradición de excelencia.
Sin embargo, esto no ha impedido ver una de las mejores finales que se recuerdan entre Nadal y Federer. Personalmente, lo que representa Federer me asquea: un jugador con infinito talento pero sin coraje, sin fuerza mental y sin ninguna ética del trabajo. Este año no sólo se ha borrado de Halle, sino que también ha pachangueado durante el torneo, entrenándose lo justo y haciendo poco menos que el “paripé” con jugadores del circuito senior en los momentos de calentamiento. Nada me hubiera complicado más que ver cómo mordía el polvo (o en este caso la hierba) derrotado por alguien que representa justo lo contrario, el coraje como motor básico hacia la victoria.
Pero no, no ha habido justicia esta vez, el destino nos ha dejado una vez más a un Federer lloriqueando después de levantar, por quinta vez, la copa de campeón. Parece mentira que alguien a quien le “emociona” tanto la victoria en el torneo londinense esté dispuesto a tan poco por alcanzarla, dice muy poco de la personalidad de este suizo con permanente cara de asco.
Yo, por mi parte, esperaré al próximo año a ver si, con suerte, puesto asistir en directo (a través de la tele, evidentemente) al triunfo del esfuerzo sobre la indolencia. Nada me complacerá más que ver a un joven de 22 años, para entonces, doblegar al tildado por muchos “mejor tenista de la historia”. Mientras tanto, espero que en el USA Open Nadal nos vuelva a demostrar que, a día de hoy, no tenemos un genio igual en ninguno de nuestros deportes.
