China no despierta, aún

El otro día leía a Enrique Dans hablando sobre la economía china. Lo cierto es que resultaban sorprendentes las cifras y, hasta cierto punto, aterradoras, puesto que daba a entender que China, por fin, había dejado de ser el gigante dormido para despertar con la misma hambre con la que me levanto yo por las mañanas.
Especialmente preocupante resultaban sus comentarios acerca del paso de “Made in China” al “Designed in China”, puesto que dejaría en fuera de juego a una gran masa de ingenieros de Occidente. Siempre había pensado que aunque China terminara por ser la “fábrica del futuro”, los procesos de alta calidad y diseño seguirían residiendo en Occidente, con una larga tradición de buenas escuelas y grandes formadores (al menos en las universidades con prestigio real, no como la Usal que vive del pasado). Sin embargo, Dans planteaba un escenario en su artículo en el que, debido a la gran cantidad de habitantes de China, se podía realizar una selección de “lo mejor de lo mejor” intelectualmente hablando, que terminaría por convertirse en una clara fuerza intelectual prevalente, al estilo de lo que ya se empezaba a intuir con su propio ejercito, no muy bien preparado ni armado pero indudablemente más numeroso y con visos de convertirse en el más poderoso tan pronto como dicha preparación e intendencia mejoren.
Por suerte para el resto del mundo, parece que el gigante aún no termina de despegar, o al menos no en el terreno de la calidad, la carta que de momento seguiremos pudiendo jugar europeos y americanos. Al parecer, casi un 60% de los MP3s chinos tienen defectos, una cifra ciertamente escandalosa. Yo, sinceramente, no puedo por menos que alegrarme porque si ya nos quitan los recursos de producción bruta, si también nos quitaran el recurso de la calidad, ¿qué nos quedaría?
Termino destacando algo sobre lo que ya le dejé un comentario a Dans en su blog: me parece paradójico que un fervoroso partidario del software libre, alguien que se ha permitido el lujo de cuestionar la moralidad de utilizar productos de Microsoft, pase tan de puntillas como lo hace sobre el tema de la censura china en sus últimos artículos desde Shangai e incluso parezca hacer una defensa de la misma en el artículo citado al principio de este post, como forma de “de controlar la velocidad del cambio, teniendo perfectamente claro a donde les lleva dicho cambio, pero intentando reducir el número de perdedores en la transición”, citándole textualmente.
¿Cómo alguien que siente su libertad coartada cuando no puede echarle un vistazo al código fuente de un software, se muestra tan magnánimo con la libertad más básica, la de expresión?
