La DGT se descubre

No es la primera vez que me quejo de la DGT. Siempre he pensado que, independientemente de que al estado le interese que sus ciudadanos estén sanos y no tengan accidentes, sobretodo porque un ciudadano muerto no cotiza y un inválido les sale carísimo, muchas de las actuaciones de este organismo tienen un afán más recaudatorio que educador.
Constantemente nos bombardean con la idea de que el exceso de velocidad nos está matando, no viéndose en otro remedio que crear un carnet por puntos y de poner unos multazos exagerados para arreglar el problema. La última es pretender mandar a la cárcel a la gente por los excesos de velocidad, considerando que alguien que circula por ciudad a 100 km/h es un criminal que merece pena de prisión.
Sin embargo, no todos los datos apuntan lo mismo. Si extrapolamos un poco dichos datos y no nos dejamos llevar por los titulares alarmistas, vemos que sólo un 16% de los accidentes son debidos a velocidad excesiva, es decir, ir más rápido que lo que deberíamos. ¿En qué queda entonces toda esta campaña de concienciación sobre la velocidad? ¿Tal vez deberían concienciar sobre conducir mejor, que hay mucho inútil suelto por la carretera? Todos los días veo a personas con una alarmante incapacidad para circular con el coche, molestias para el resto de los conductores. Precisamente suelen ser estos los que abogan por endurecer las penas y limitar la velocidad, puesto que su incapacidad no les permitiría nunca ir a una velocidad mayor que la limitada. Estas personas son un auténtico lastre de la fluidez de circulación, pero es mucho más fácil pretender ir contra los que aún yendo más rápido no suponen ningún peligro, puesto que así se puede hacer caja con ellos.
Por todo esto, no podría estar más de acuerdo con la foto que preside este post. Y lo peor es que ese dinero que nos están esquilmando no va a ir a arreglar los problemas de las carreteras de este país, los puntos negros. En las autovías y autopistas, con una mayor afluencia de coches que en las carreteras nacionales y de menor categoría, sólo se produce un tercio de los accidentes a pesar de que se circula más rápido (haya radar o no). ¿Por qué? Pues porque son carreteras de calidad (algunas…) donde se puede circular sin un riesgo, a diferencia de lo que ocurre en las carreteras de doble sentido. Mientras tanto, seguiremos siendo multados, otros seguirán muriendo, muchos motoristas se dejarán la vida contra las protecciones de aluminio que bordean las vías y el gobierno, del sino que sea, seguirá convenciéndonos de que la mejor forma de salvar nuestras vidas es multarnos.
Por cierto, ¿adivináis quien tiene las carreteras peor conservadas de España? Daré una pista: dependen del Gobierno central y se sitúan en una región de este país al que le iban a aplicar un “Plan del Oeste“.
