Privacidad
Resulta extraño comprobar como la privacidad se está convirtiendo, cada vez más, en un término en desuso. Yo mismo puedo considerarme culpable en la medida de mis posibilidades, puesto que tengo un blog y, sobretodo, twitteo constantemente. Sin embargo, creo que no he cruzado excesivamente la línea roja que marca el contar “lo que te interesa” de “lo que eres”.
Como norma general, al iniciar este blog, establecí para mí mismo como regla de oro no postear sobre mi vida ni sobre mí mismo. He roto esa regla, normalmente para hacer alguna reflexión en voz alta, pero sólo en contadísimas ocasiones he expuesto algo personal, normalmente sin demasiada carga emocional. Expresar los sentimientos en público, aunque muy moderno y correcto, no deja de ser la forma de pérdida de privacidad más grave, puesto que expresas lo más íntimo, lo que sientes. No lo critico, aunque sí podría cuestionarme su sentido, pero lo que desde luego no hago es compartirlo.
¿A qué viene esta reflexión? A la necesidad que se percibe por todo internet de contarle al resto qué eres, qué te gusta, a qué aspiras, qué deseas, qué querrías ser. ¿Ejemplos? Podríamos empezar por MySpace, por donde las pocas veces que he tenido el gusto de pasar no he visto más que páginas de personas que se “exponen” totalmente, formando una especie de collage sobre sí mismas. Puede que toda esta interacción social que se establece sea positiva o quizás no sea más que una generación de inadaptados que están viviendo aislados por culpa de las nuevas tecnologías y que piden a gritos un poco de la atención que sus padres no les brindan. Seamos serios, no es lo mismo criarse con una madre que con una tata.
Enrique Dans, sin ir más lejos, nos proponía el otro día una aplicación destinada a localizarnos en un mapa. Quizás me he vuelto paranoico con los años pero… ¿una aplicación que revela donde estoy, quien soy y que me identifica unívocamente con mis opiniones? No me importa defender lo que pienso delante de gente que conozco o que conocen aquellos de los que me fío, pero estás expuesto a que cualquiera al que no le guste lo que digo pueda saber dónde vivo y cómo me llamo, me parece renunciar al cálido manto de la privacidad.
¿Qué está pasando? ¿Por qué la web 2.0 parece basarse en contarle a todo el mundo todo sobre tí? ¿Es que la web 1.0 nos tenían como meros espectadores y estamos hartos de no ser los protagonistas? ¿Es una válvula de escape contra una realidad que, cada día más, nos convierte en sujetos anónimos sin cara, sin voz, sin importancia, meras piezas del engranaje social? ¿Qué nos quedara para la web 3.0?
