Ensalada de enlaces
Hace tiempo me dio por juntar varios enlaces y cosas curiosas que había ido encontrado en un post, como forma de escribir en el blog cuando me encontraba en períodos de poca productividad literaria. Como últimamente no encuentro la(s) musa(s), si es que alguna vez las hubo, he decidido repetir la experiencia con otra “ensalada de enlaces”, resultado de muchas vueltas por internet en los últimos días.
El primer enlace a comentar es el relacionado con el vídeo que preside este post. No sé qué sentirán aquellos que leen este blog con respecto a la gente que habla en el cine, hace ruido con la comida que se lleva o, incluso, tiene la desfachatez de coger una llamada telefónica en medio de la película (yo lo he vivido, en una proyección de un film de Woody Allen). A los que hablan, ya sea de viva voz o, especialmente, con el móvil, creo que habría que echarles del cine. Una cosa es susurrar a tu acompañante algún apunte concreto sobre la película y otra comentar sucesivamente cada escena, llegando a animar en voz alta al protagonista para que se tire por una cascada (vivido durante el visionado de Apocalypto). En estas situaciones, creo que muchos de nosotros desearíamos poder hacer como Darth Vader en este vídeo y estrangular, ya sea con “La Fuerza” o a mano como toda la vida, a los molestos y maleducados vecinos de butaca.
Otro de los enlaces que me han resultado curioso es uno sobre la comida basura. Personalmente siempre me he considerado un detractor de la misma, hasta el punto de permitirme únicamente comer pizzas como forma de alimentarme poco saludablemente. Evidentemente, se podría discutir si unos huevos fritos con jamón es comida sana, pero desde luego no se le puede considerar comida basura como a las repugnantes acumulaciones de grasas+calorías+sal que se observan en esas imágenes. Resulta especialmente gracioso que uno vea en la publicidad algo tan “apetitoso” como lo que nos presenta el departamento de marketing de cada uno de estos gigantes de la “alimentación” y termine llevándose a la boca algo con tan mal aspecto. Sin embargo, el resultado final hace mucha más justicia al valor nutricional del producto adquirido (eso sí, a bajo coste).
Por último, me ha parecido interesante una historia que explica, bastante didácticamente, los problemas que existirán con la burbuja inmobiliaria a nivel adquisitivo para aquellos que se metan ahora en una hipotética. Pocas veces en la historia de este país la gente joven ha tenido que aguantar tantas críticas como las que se vierten ahora contra aquellos cuya edad no pasa de los 35. A los más adolescentes se les pinta como borrachos (todos debemos tener el carnet de botelloneros, según la televisión); a los que empiezan a trabajar, de quejicas porque gana mil euros y aún así afirman que no les da para llegar a fin de mes y, en general a todos, de acomodados por no querer (más bien poder) abandonar las casas de los padres puesto que el poder adquisitivo que gozamos no da para más. Esta pequeña historia muestra como la “experiencia” no siempre está asociada a la sabiduría, y mucho menos dota de conocimiento a aquellos cuyas mentes no están preparadas para asimilarlo.








