Leo en El Navegante que Microsoft asegura que las ventas de Vista doblan las de XP, en el mismo período de tiempo y me pregunto: ¿dónde están ahora los apocalípticos que auguraban el fin del gigante de Redmond? ¿Dónde están los que decían que, ahora sí, Microsoft se iba a caer con todo el equipo por haber sacado una basura copiada de MacOS X después de 5 años de desarrollo?
Ahora voy a ser yo el que haga de adivino: aventuro que pasado el “shock” inicial de ver que, al contrario de lo que preveían, Microsoft no sólo no se va a hundir con Vista sino que va a hacer negocio con él como de costumbre, estas personas empezarán a cargar las tintas sobre los usuarios que adquieren el nuevo sistema operativo. Dirán que son ignorantes, que no sabían que existía MacOS X y que por eso piensan que lo que trae Vista es original, que viven aborregados bajo el férreo control de Bill Gates y que, en definitiva, no son lo suficientemente listos para dar el gran paso a GNU/Linux, ese alarde usabilidad (sí, lo sé, la culpa es de los fabricantes de hardware )
Por fin he podido terminar una de mis última pruebas linuxeras. Hace tiempo escribí a Luther preguntándole por algún tipo de servidor de escritorio remoto para Linux, algo parecido a Remote Desktop de Windows. Él me remitió a FreeNX, la implementación libre de NX.
El primer paso fue instalar las X. No sé cómo irá en otras distros, pero en Gentoo siempre hay algún problema configurando el Xorg.conf. Así que tuve que tocar bastante cosas e incluso reemerger algunos paquetes con el flag X activado para que, después de mucho batallar, tuviera un entorno de ventanas. OK.
Siguiente paso, instalar un escritorio: Fluxbox. ¿Por qué Fluxbox? ¿Con lo bonitos que son Beryl, KDE, etc? Pues porque esta máquina es un Pentium III con 320 MB de RAM así que no está como para tirar cohetes. Es cierto que le he puesto una Geforce 2 MX con 32 MB de RAM y le he instalado los drivers de Nvidia para Linux por mucho que no sean libres, pero sigue yendo cortito de hardware así que lo mejor es poner un escritorio lo más ligero posible. Fluxbox trae lo mínimo, tan tan lo mínimo que ni siquiera tiene soporte para poner un fondo de escritorio o para colocar sobre el mismo iconos. Vamos, que es sólo un gestor de ventanas. Es posible, incluso, sustituir el Metacity de Gnome por un Fluxbox, si es que te gusta más su aspecto. Eso sí, es posible combinarlo con gDesklets o aDesklets y algunos otros programas para conseguir un entorno más amigable, un poco más pesado, pero mucho menos que sus contrapartidas más populares (KDE o Gnome).
Cuando por fin tenía instalado Fluxbox, llegó la hora de FreeNX. Esto ha sido, de largo, lo que más problemas me ha dado. En primer lugar, seguí este tutorial y me descargué los paquetes específicos. No me funcionó la aproximación que proponían para desenmascarar los paquetes así que me las apañé con un: ACCEPT_KEYWORDS="~x86" emerge -av nxserver-freenx
Lo siguiente fue arrancar el entorno. Copié los ejecutables tal como explica en el tutorial y, posteriormente, arranqué el proceso de instalación. Hay que estar atento para responder a la segunda pregunta que hace porque si te duermes, da una respuesta por defecto que no es la deseada y la instalación no se completa correctamente. Total, que al final tenía un nxserver corriendo sobre mi máquina Linux. Tiempo de instalar un cliente para Windows, escogí el de NoMachine (creadores de NX) porque lo de que el software sea libre o no me la … Lo instalé con el habitual Next->Next de Windows y lo configuré para arrancar el comando startx porque, por defecto, vienen como opciones de entornos a arrancar KDE, Gnome, XDM y otros que no utilizo. Haciendo esto no conseguí el resultado esperado, puesto que me arrancó Fluxbox en el ordenador con Linux ¿?
Bien, probé después a arrancar el comando startfluxbox y tampoco. Ahora simplemente no se veía nada en ninguna de las dos máquinas. Otro poco de navegación por Google buscando gente quejosa de FreeNX me hizo descubrir a alguien que aseguraba haber tenido un error parecido y haberlo resuelto marcando la opción de configuración New Virtual Desktop. Fue probarlo y empezar a ver algo pero… con un problema: pasado un cierto período de tiempo, dejaba de funcionar. Se cerraba la ventana con el escritorio remoto dentro lanzando un mensaje que decía algo parecido a que la conexión había tenido que cerrarse y que revisara mi red.
Mi red está bien gracias, porque estamos hablando de una LAN a 10MB (es de 100 pero la tarjeta del pc con Linux es de 10) así que no podía ser un entorno más controlado y estable. Total, que otra nueva búsqueda no arrojó resultados satisfactorios y tuve que recurrir al clásico ensayo y error. Lo que finalmente ha hecho que consiguiera que todo funcione correctamente y que este post no se titule “Puto FreeNx” fue subirle los valores de Cache dentro de la pestaña Advanced de la configuración al máximo posible, 32 y 128 Mb respectivamente.
Parece que, con esto, he logrado mantener la ventana abierta de forma estable e incluso trabajar con ella a resolución 1024x768. Ahora podré administrar mi Linux sin necesidad de estar todo el día con el Putty. Y de ahí viene el título del post, porque pedí información sobre algo mejor que el putty de toda la vida y me remitieron a FreeNX, la puta de lujo de los escritorios remotos para Luther pero, no por ello, una puta fácil.
La verdad es que, como reflejaba en un post reciente, siempre he tenido una relación difícil con iTunes. Sé que es un buen programa con mucha funcionalidad bien repartida y que, para quien lo entiende, todo es “evidente”.
Pero yo no estoy en ese grupo y durante mucho tiempo he tenido que “lidiar” con él cada vez que quería añadir nueva música. El principal problema que me encontraba es que yo no tenía definida la información de mis MP3s en las IDTags sino en los nombres de los ficheros, donde solía repetir una estructura del tipo:
númeroCancion - nombreArtista - nombreCancion
Esta estructura me servía a mí pero, por lo visto, no satisfacía a iTunes y cuando importaba la música a la librería, al guiarse únicamente por la información de las tags, ya no sabía qué canción era cada una. El proceso de añadir esta información a cada fichero está siendo aburrido y largo, pero supongo que al final del proceso tendré mis archivos mejor organizados y sabré que no sólo con iTunes sino con cualquier programa, tendré localizadas mis canciones.
Pero quedaba otro asunto por resolver. No me gustaba tener que añadir las canciones “a pelo” al iPod. Es decir, el mecanismo de seleccionar unas cuantas y arrastrarlas al reproductor no me satisfacía puesto que, posteriormente, tenía que abrir el iPod desde iTunes para, mediante un recorrido “visual”, saber qué canciones (o más bien qué álbumes) había añadido. Rebuscando por el programa encontré una opción para crear PlayLists. Con este mecanismo, definí unas cuantas de prueba para algunos álbumes y después comprobé que arrastrando estas playlists al iPod, me añadí toda la música a la que hacían referencia. Este mecanismo sí me gustaba pero… descubrí un día que al cambiar de posición en el sistema de ficheros la música, dejaban de funcionar. Nada raro por otra parte, pero como en cualquier momento podía reorganizar mi música para pasarla de una partición que se estuviera acabando a otra, necesitaba otra opción mejor.
Finalmente, he encontrado la solución perfecta (al menos para mí). Organizo mis MP3s en directorios, uno para cada álbum, como he hecho siempre. Posteriormente, defino una playlist con Winamp, que son independientes de localización; es decir, que yo las puedo mover a donde quiera y la playlist sigue sonando porque siempre hace referencia al directorio donde se encuentra, con lo que la única condición que es la lista y los mp3s estén en la misma carpeta.
Posteriormente, hago una búsqueda con el único criterio de recuperar ficheros con extensión .m3u, la correspondiente a las listas, con lo que me devuelve una lista para cada uno de los álbumes. Hecho esto, los selecciono todos y los arrastro a la sección de Playlists de iTunes, con lo que el programa se encarga automáticamente de procesar las canciones a las que hace referencia estas playlists. Y, finalmente, arrastro desde la sección Playlists a la del iPod aquellas listas correspondientes a los álbumes que quiera llevar ese día en el reproductor.
Mientras que la parte de definir la playlist de Winamp sólo hay que hacerla una única vez, si muevo los ficheros tendré que eliminar la playlist del iTunes y luego arrastrarla otra vez desde la nueva localización, lo cual tampoco reviste mucha complejidad.
De todas formas, probablemente existan formas más sencillas de mantener la música correctamente organizada (teniendo en cuenta que pueda ser necesario moverla). ¿Cuál es la vuestra?
Estos días me ha entrado la fiebre blogger así que voy a por mi tercer post del día. Esta vez me gustaría comentar que ha salido la RC (Release Candidate) de Microsoft Expression Blend. Esta herramienta puede que no le suene mucho a nadie, pero mi apuesta es que en un par de meses todos estaremos familiarizados con ella. Yo ya he tenido el placer de probarla durante la creación de una serie de artículos para Solo Programadores y lo cierto es que me ha dejado gratamente sorprendido.
Bien es cierto que, anteriormente, mi única aproximación al diseño de interfaces gráficas (campo en el que se utiliza Blend) se había limitado a jugar con alguno de los típicos IDEs “generalistas” como Visual Studio 2003 y 2005, Eclipse o Netbeans. Todos ellos ofrecían el típico formulario capaz de albergar controles que se podían arrastrar y algunas capacidades más o menos avanzadas (y más o menos complejas) de Layout. Pues bien, puedo decir sin miedo a equivocarme que Blend les deja a todos ellos “tirados por el suelo”.
En cuanto a otras herramientas específicamente pensadas para diseñar interfaces gráficas de usuario, no he probado ninguna así que no sé si las capacidades que he visto en Blend son una “copia” o son originales. En cualquier caso, creo que merece la pena probarlo porque es la primera herramienta creada específicamente para diseñar interfaces gráficas con Avalon (Windows Presentation Foundation), una API con la que habrá que irse familiarizando si se quieren crear aplicaciones vistosas para Windows Vista (valga la redundancia).
PD: La imagen que preside el post es de una aplicación que yo mismo he creado. La funcionalidad la programé con XAML y algo de C# en Visual Studio 2005 y, posteriormente, abrí dicho proyecto desde Blend y le apliqué algunas “mejoras” gráficas, como un reflejo o un botón que cambia del color de forma progresiva al colocar el puntero del ratón sobre él y que, posteriormente, recupera también de forma progresiva su color original al sacar el ratón de dentro.
Desde que empecé con esto de bloggear, el blogging, la blogosfera y demás palabros ridículos, siempre he oído criticar la práctica del hotlinking, puesto que resulta insolidaria y puede crear problemas para navegar por los recursos de aquellos que son permanentemente enlazados. El problema todavía resulta más grave si el enlazado se encarga de costear su propio ancho de banda, puesto que le estás robando algo por lo que paga, como le pasaba a Luther.
Yo reconozco que he realizado esa práctica durante bastante tiempo, puesto que la mayoría de imágenes que colocaba presidiendo los posts las buscaba en Google y las enlazaba directamente. Normalmente intentaba enlazar hacia “grandes sitios” y no hacia blogs particulares de usuarios, pero seguramente se me haya colado algún caso. Total, que llevaba tiempo pensando en cómo podía evitar seguir haciendo hotlinking y me he acordado de Flickr. He pensado que podría subir ahí las imágenes que fuera usando en el blog y catalogarlas en algún set. Quizás ese fuera el primer paso para, más adelante, subir también algunas fotos personales e ir “haciéndome” con el manejo de este interesante recurso web 2.0.
¿Cómo combinar Flickr y el blogging sin morir en el intento? Mi primera prueba ha sido con Oakflickr, un plugin para firefox que prometía integrarse totalmente con ScribeFire (el plugin antes conocido como Performancing del que hablaba el otro día). La verdad es que el resultado ha sido bastante negativo, puesto que a los problemas que me ha dado hasta conseguir subir algunas fotos, se ha añadido el hecho de que cada foto subida lo hacía cuatro veces, con lo que me encontraba en Flickr la misma imagen cuadriplicada. Por último, no tenía ninguna opción para recuperar algún tipo de enlace a la imagen, con lo que tendría, en última instancia, que instalar algún otro tipo de plugin para la recuperación de las imágenes o bien acceder a la cuenta mediante navegacion web. Vamos, que me ha salido rana totalmente.
Mi siguiente intento ha resultado bastante más satisfactorio. Tras pasarme un rato navegando por Flickrbits he encontrado un interesante plugin también para Firefox, de nombre Fireflix. Lo he instalado y lo cierto es que está muy currado. Algunas de sus posibilidades:
Subir fotos a Flickr y asignarlas a sets específicos
Navegar por los sets y recuperar previsualizaciones de las imágenes
Recuperar enlaces a las imágenes con diferentes tamaños y formas (muy útil)
Icono en la barra de menú, junto al icono animado de carga de páginas, que permite hacer y desaparecer el panel lateral de forma rápida y fácil.
En fin, que esto que estoy posteando ahora mismo con ScribeFire lo voy a adornar con una foto subida a través de Fireflix. Una gozada sólo disponible para el zorro rojo
Nunca he sido muy partidario de Apple, lo reconozco. Siempre miré con recelo sus productos porque no me interesa pagar una pasta por algo que parece hacer lo mismo que algo más barato, de forma más vistosa.
Hace un tiempo cometí mi primer “desliz” comprándome un iPod. Lo cierto es que me encantaba el cacharrito y le dediqué uno de mis primeros posts al empezar este blog. Por desgracia, me fue hurtado (esta palabra se la dedico a cris, aunque no leerá esto porque nunca entras en el blog) en una biblioteca cerca de mi facultad. A pesar del tremendo mosqueo que me pille, pasados unos meses adquirí un segundo iPod de color rojo. Sentí la tentación de grabarlo con un mensaje que rezara “No me lo robes, cabrón”, pero al final me contuve.
Como todo novato en el mundo del iPod, con la primera (y única) dificultad que me encontré para su uso fue con el “simpático” iTunes. Hay quien adora este programa, yo he estado odiándolo bastante tiempo. Acostumbrado a tratar otros reproductores de MP3 que había tenido como “discos usb” en los que simplemente arrastrando la música allí desde el Explorador de Archivos ya lo tenía hecho, el iTunes me pareció de lo más críptico. Primero, tener que añadir la música a la biblioteca era un auténtico coñazo. ¿Por qué? Pues porque yo no tenía la información en los IDTags sino que nombraba y catalogaba mis MP3s con el nombre del archivo, dejando vacía la IDTag. Por lo tanto, para cada canción que quería meter tenía que rellenarle la información. Otra “desagradable” manía del iTunes era guarrearme el directorio donde tuviera la música metiéndome allí la foto de la carátula del álbum asociada. Yo opino que esa característica, aunque totalmente superflua, puede tener gracia pero, por favor, que la guarde en un directorio propio que, una vez desinstalado, no deje rastro de todas esas fotos chorras. Sé que estos ficheros los catalogaba como ocultos por lo que para la mayoría de usuarios de Windows pasarían desapercibidos, pero como yo tengo marcada la opción para ver archivos y carpetas ocultos, tenía que aguantar ver en mis directorios perfectamente catalogados “ficheros invasores”.
El caso es que de un tiempo a esta parte comparto el trabajo con un auténtico Apple Evangelist. Estoy seguro de que su fruta favorita son las manzanas y que lija los bordes de todos los muebles de su casa para que adquieran el característico “look” de Mac. Por ello, sufro un “bombardeo” de publicidad (parecido al que él soporta sobre .NET y VS2005, claro) sobre Apple que termina calando y hoy he decidido darle una segunda oportunidad a iTune.
Si la primera vez su “usabilidad” me horrorizó, ahora creo que éste no era realmente el problema, puesto que todos los usuarios de Mac siempre destacan este aspecto como la razón por la que no se cambiarían a un entorno Windows/Linux. Más bien, el problema es que mientras Windows/Linux tienen un manejo del entorno de escritorio parecido, donde las cosas suelen estar en lugares similares y el paradigma se asemeja, en Mac las cosas son muy diferentes. Se nota que el botón derecho del ratón aterrizó hace sólo unos pocos años, puesto que la mayoría de programas están pensados para poder usarse con un único botón. Eso hace que los clásicos menús contextuales de “botón derecho” del ratón no existan o sean superfluos en la mayoría de casos. Este “defecto” se extiende también por todo Mac OS X, sistema operativo adorado por muchos (incluso por aquellos que no lo han probado en su vida), con el cual cada vez que he tenido que lidiar me he sentido como aquella primera vez delante de un Windows 3.11. Es decir, como el más absoluto de los novatos, incapaz de dar un sólo paso. Tanto es así, que la mayoría de las veces suelo tirar de Terminal porque me siento más cómodo tecleando comandos que suelen parecerse a las de Linux, que manejándome por ese entorno precioso y florido, pero hostil.
Pues bien, hoy dándole esta segunda oportunidad a iTunes, me ha agradado mucho ver la integración que tiene con la tienda y cómo gestiona cosas como descargar nuevos podcasts y tenerlos archivados en la carpeta correspondiente, actualizar el software del iPod automáticamente, navegar por la tienda de forma online, etc. Tengo que reconocer que el programa tiene bastantes opciones y no excesivamente críptica para lo que se podría esperar de una aplicación así. “Mi” Apple Evangelist siempre me dice que una vez que pasas un par de días en MacOs X, te adaptas y empiezas a ver que los “caminos” que antes te parecían más complicados para hacer las cosas, ahora los ves como obvios (bueno, no dice eso mismo, pero yo sé que lo piensa ).
¿Terminaré sucumbiendo a la iFiebre y comprándome un iMac, un iBook, un iPhone y una iTv? ¿Necesito un iRack tanto como Jobs intenta hacerme creer?
El otro día, vía Menéame, encontré este post sobre las 10 mejores extensiones para Firefox. Lo cierto es que, salvo la FlashBlock, el resto tampoco me parecían excesivamente interesantes. Hay quien disfruta mucho con el GreaseMonkey, pero ni lo he llegado a instalar ni tengo, de momento intención de probarlo. Por otra parte, en los comentarios de Menéame alguien hablaba de una extensión que sí me he animado a probar. Se trata de Google Browser Sync, una extensión que promete sincronizar tus bookmarks y otras características de Firefox para poder compartirlas entre varios equipos. Lo cierto es llevaba tiempo esperando algo así, puesto que suelo añadir favoritos a Firefox desde el sobremesa, el portátil y el trabajo. Al final, había optado por usar un pen drive pero la “sincronización” era nula, terminaba escribiendo unos encima de otros o añadiéndolos con la consiguiente duplicación. Aún no he podido probar esta extensión en otro equipo, puesto que sólo lo he instalado con el que estoy escribiendo actualmente, pero siendo de Google imagino que cumplirá con lo que promete y podré tener los mismos favoritos en todos mis pcs a la vez.
El caso es que ya puestos a mirar extensiones, me pasé por la web de Mozilla a ver qué me ofrecían. Y en su sección de las recomendadas he encontrado Performacing, una extensión que sirve para publicar posts de blogs. Ya probé hace tiempo un producto de Microsoft que hacía esto mismo, un programita cuyo nombre no recuerdo con un aspecto ligeramente familiar a Word (aunque con infinitas menos capacidades) que no parece haber tenido mucha trascendencia. Esta extensión de Firefox tiene un aspecto parecido aunque una ventaja clarísima: no necesito abrir otro programa más, al contrario de lo que me ocurría con el de Microsoft, para postear en el blog. Ahora mismo estoy escribiendo este post con él y si todo sale bien, puede que sea el inicio de una nueva forma de publicar en este y otros blogs.