
Ensalada de críticas de cine. En los últimos días me he tragado varias películas a cada cual peor y voy a ir desmenuzándolas una a una.
En primer lugar, Piratas del Mar Caribe II. Es, una vez más, una película que lo deja todo en manos de los efectos especiales. En este caso, con el único aliciente del simpático papel de Johnny Depp como pirata pero que, a base de repetirse durante 2 horas y media, termina haciéndose cansino. El resto es un desierto interpretativo, en el que destaca especialmente Kira Knightley (no me voy a molestar ni en comprabar si se escribe así su apellido) en el papel de idiota del culo. Ese, precisamente, es su papel y se esfuerza en comprobarlo tanto en la escena de la pataleta en la playa mientras los 3 hombretones luchan por el cofre, como cuando le asaltan tremendas dudas sobre si ama al capullo que se pasa todas las películas arriesgando el pellejo por salvarla, o el pirata que la cambiaría por un doblón de oro. En fin, eso, idiota del culo. El guión parte de una historia “curiosa” sobre una especie de barco-submarino con homenaje al Nautilus incluído (su capitán toca el órgano como hacía Nemo) comandado por una especie de pulpo con problemas de expresión. A pesar de que la historia no tenga mala pinta, se estropea con una película que es un videoclip de 2 horas largas, sin ninguna tregua para ningún tipo de conversación o replanteamiento de la situación. Una constante huida hacia delante por parte de unos productores y directores que dejan su creación en manos de los diseñadores e informáticos de turno encargados de dar vida a calamares gigantescos y demás bichos que sorprende la primera vez que salen pero que no sirven para llenar el vacio interior que te provoca la película una vez terminada, ese mismo que ya ni las palomitas llenan.
Después de ver ese aborto de gran película y pequeña decepción posterior, me puse en manos de un actor consagrado como Donald Sutherland en su “Maleficio”. Era el único gancho de la película, así como la promesa de asistir a la versión cinematográfica de una antigua leyenda/historia ocurrida en el Estados Unidos del siglo XVIII (¿o era el XIX?). No tenía mala pinta y aunque las películas de miedo no me suelen gustar (no me va lo de pagar para pasar un mal rato), pensé que podría estar bien. Miedo no pase, a la risa tampoco llegué (algunos asistentes sí que lo lograron), me quedé en la indignación de pagar casi 4 euros (suerte de sesión de precio reducido) por ver 2 horas de despropositos y repetición de la misma secuencia: niña buena duerme intranquila en su habitación mientras una extraña presencia se le aproxima hasta cogerla por los pelos, levantarla, abofetearla y esperar la aparición del resto de la familia con cara de estar oliendo a pedo). ¡Patética! Ya critiqué tiempo atrás aquí a “La Profecía” pero debo decir que hasta esa basura parece mejor película comparada con ésta. ¡Qué desproposito! ¡Qué absurdos los personajes, que parecen no inmutarse cuando suceden cosas que a cualquier le harían helársele la sangre (suponiendo que te lo creyeras, claro)! Por dios, no malgastéis ni vuestro tiempo ni vuestro dinero en ver algo así.
Después de semejante derroche de tiempo y dinero decidí acogerme al algún sistema P2P para no arriesgar más con las siguiente películas que fuera a ver. Supernacho tenía pinta de ser una apuesta de alto riesgo, pues todo parecía indicar que sería una tremenda estupidez de película y, efectivamente, no defraudó. Suerte de la gratuidad y de la posibilidad de levantarme del cuarto de estar y tirar a la papelera el CD en el que la había grabado. Sólo aguante a ver los primeros 55 minutos, en los cuales me reí realmente con un pequeño gag y aguanté entre el sopor y la impaciencia el resto del metraje. Al menos fue gratis.
Con el mismo sistema afronté el visionado de Scary Movie 4. Ví la primera y me dí un hartón a reirme, me pareció tronchante. Vi la segunda y ya no me hizo tanta gracia, aunque tenía un par de buenos gags. Ví la tercera y sentí deseos de asesinar a los productores, director y guionistas. La cuarta se presentaba como una reválida para la saga o el fin definitivo de la misma y creo que se aproxima más a lo segundo que a lo primero. Los primeros 30 minutos tienen bastantes buenos gags y sí que me llegué a reir sinceramente (sin tener que forzarme a hacerlo, como muchas veces pasa con estas películas) pero los últimos 25 se hacen totalmente eternos. En medio hay unos 15 de “ni fu ni fa”. Por que, sí amigos, si hubiera ido al cine a verla podría haber tenido que pagar hasta 5 euros por 1 hora y 10 minutos. ¡Qué atraco! Y ya ni te cuento si la ves en Madrid. Los últimos 25 se hacen infumables especialmente por la aparición estelar de Leslie Nielsen, que no podía faltar en una película absurda de este tipo. Mención especial merece cuando decide desnudarse y hacer el gracioso en una parodia de la típica conferencia de la ONU. Sinceramente, creo que cualquier discurso de George Bush sobre Irak tiene bastante más gracia que esta parte de la película. En definitiva, se pueden ver los primeros 30 minutos y luego irse a hacer cualquier cosa más interesante.
¿Qué le pasa al cine actual? ¿Se terminaron las ideas? En unos días me pondré en manos de Alatriste y confieso que lo hago con miedo. Son pocas las películas españolas que considere que merecen algo más que la ejecución pública de sus creadores. Si acaso, las de Amenábar pero Alatriste no es suya. Corro el riesgo por su actor protagonista, que sin ser brillante si vale bastante más que el 90% de los actores de la tierra y por haber oído alguna buena crítica de gente no especialmente proclive al cine patrio. Ya comentaré algo al respecto cuando la haya visto finalmente.