Religión

Este post hace tiempo que lleva pensando escribirlo. La religión siempre ha sido uno de mis temas favoritos porque me parece que tiene mucho de lo que opinar, aparte de ser una de esas “cosas” que llevan tanto tiempo con nosotros, los seres humanos, como para haber cubierto una gran cantidad de etapas.
Desde que el hombre es hombre y no mono (algunos aún siguen siéndolo) ha creído en algo superior a él. Dioses representados como animales o fenómenos de la naturaleza, politeísmo, monoteísmo, etc. Siempre ha habido una creencia acompañando a la especie humana en su conjunto. Es por ello que, tantos siglos después de empezar a caminar erguidos, podemos hacer un repaso de nuestra historia religiosa y sacar conclusiones así como intuir los posibles derroteros por donde va a transcurrir este camino espiritual.
Hay quien critica abiertamente la religión, haciendo suya aquella frase de Marx: “la religión es el opio del pueblo”. Me resulta curiosa esa frase por quién la pronuncio: alguien que, desde mi punto de vista, propuso un modelo de sociedad en el que las autoridades religiosas fueran sustituídas por las autoridades gubernamentales como aquellas que dijeran “lo que se debía hacer”. Desde siempre se ha criticado a la religión más por sus aspectos institucionales que por su sentimiento. Es decir, que lo que se critica es todos aquellos ritos, todas aquellas normas, todas aquellas cortapisas, que nos imponen la Iglesia de turno (sea católica, protestante, musulmana, etc). Evidentemente también existe quien, directamente, critica a aquellos que creen en algo superior por el mero hecho de creer, lo cual me parece, aparte de una falta de respeto, una tontería. Nadie tiene derecho a criticar a los demás en qué creen: ¿es mejor el que cree en la ciencia que en un dios? ¿son mejores los que creen en el “hombre” y en que puede lograr cosas buenas? ¿están menos equivocados o tienen más pruebas que los que creen en divinidades?
Respeto totalmente, como se puede notar en el anterior párrafo, a aquellos que viven su religiosidad para sí mismos y su “disfrute”. Critico, totalmente, a aquellos que viven aferrados a una serie de principios dictaminados por una institución gobernada y diseñada por los hombres. La religión como necesidad y como forma de expresión de la espiritual me parece totalmente acertada e incluso beneficiosa. No sé si seré el único que, en ocasiones, puede sentir un cierto grado de vacío interior o agobio a la hora de pensar en cuál puede ser el futuro tras la vida y pienso que resultará mucho más consolador saber o creer que existe algo “bueno” tras estos años en la tierra. Algunos recurrirán en este momento a la manida frase de: “la ignorancia es la felicidad”. No seré yo el que contradiga tal afirmación, pero a esos mismos les preguntaría si no se engañan en ninguna de las facetas de su vida y estoy convencido de que no podrían tirar la primera piedra (aunque lo hagan de forma irresponsable e irrespetuosa).
Las creencias religiosas, en abstracto y desprovistas de toda su parafernalia humana, suelen ser positivas y entroncar con las de muchos que tampoco se consideran creyentes. Bondad, respecto, ayudar a los demás, pueden ser los cánones de cristianos, musulmanes e incluso meros miembros de una ONG ateos convencidos. Son, desde mi punto de vista, meros vehículos hacia lo que se considera “ser buena persona”. La satisfacción personal o la recompensa en los ojos de los demás suele ser el motor de estos buenos actos, aunque algunos, en el pasado, arrastrados por sus fuertes convicciones religiosas, pudieran ejecutar estos actos en aras de un futuro esplendoroso de otra vida (en contraste, en muchas ocasiones, con un presente desalentado en la actual). Es importante este punto por lo que esa progresiva pérdida de valores está causando en la sociedad de nuestros días, proceso que se agrava con el paso de las generaciones. Considero que al estarse, poco a poco, aceptando comúnmente una visión de la vida en la cual lo único que existe es lo que vivimos ahora, todo el mundo trata de “disfrutar” al máximo de los años que su pobre mecanismo vital le vaya a dar. Esto, en principio, puede ser positivo en cuanto la gente abraza el famoso “carpe diem” y trata de ser feliz por todos sus medios, pero, más allá de esa primera afirmación un tanto superficial, se esconden graves problemas. Entre otras cosas, problemas relacionados con los valores o, más bien, con la ausencia de ellos. El “todo vale” o el “si me hace sentir bien, está bien” se han convertido en los focos que guían nuestros pasos en la oscuridad que, en más de una ocasión, supone el día a día de vidas que no son tan geniales como las imaginábamos o aspiraciones que no se alcanzan.
Algunos otros valores tradicionalmente aceptados como “sacrificio” o “esfuerzo” tienden a difuminarse. Antiguamente se consideraba que estos eran los medios fundamentales para lograr los objetivos y no se me escapa que, en más de una ocasión, se publicitó esta política como medio para mantener a las clases más humildes “controladas”, buscando encauzar la posible rabia por su situación (especialmente comparada con la situación de lo que estaban “arriba”) hacia algo más positivo para los intereses de quienes buscaban ese control. Evidentemente, se han usado, desde siempre, los valores como forma de control y no me parece que ahora se esté haciendo nada diferente con su lenta eliminación o, más bien, con su sustitución por otros. Como todo lo tradicional (”huele a rancio” es la frase favorita de muchos), “sacrificio”, “esfuerzo” y otros términos parecidos han sido desterrados y ahora son sustituídos por términos como “Just Do It”. ¡Qué casualidad que sea un eslogan de una de las firmas comerciales más importantes del mundo! No tendremos dioses divinizados, pero sí adoramos como aquellos a los que Moisés quiso tirarles la tablas de la ley. Esos nuevos ídolos de oro son las marcas, la tele, el dinero, todo lo superficial que, “seguro”, conseguirá llenarnos el vacío que en más de una ocasión esta vida artificial que actualmente se nos “promueve” desde más arriba abrazamos como el sumum de la evolución humana. Y yo me pregunto: ¿somos más listos ahora? Ya no creemos en nada que no sea nosotros mismos, o tal vez sí pero no nos hemos dado cuenta.
Hemos rechazado a las Iglesias de toda índole, hemos quemado en la hoguera de la Inquisición toda una vida evolutiva de religiosidad y vomitamos nuestra ira contra aquellos que una vez decidieron los destinos de esta raza de super-monos utilizando la fe como forma de control. ¿Somos más libres ahora? ¿Puede ser que ahora sean otros los que nos controlan? ¿Puede que ser que ahora los valores inculcados, relucientes por lo nuevos, apesten tanto o más que aquellos que intentaban conculcarnos haciéndonos creer que salvaríamos a un pariente del purgatorio por comprar una bula a 5 florines cada una?
¿Y si eso no fuera más que otra forma de control? Me encanta esa expresión de “el sistema”. Los plíticos, según leí una vez, no creen en una vida mejor después de la muerte en un 85%. ¿Será porque es difícil llevar una vida mejor que la que llevan en la tierra? Tal vez todos estos nuevos valores, comprados con dinero, sean los que más les convienen a ellos porque, tal vez, mientras estemos controlados por cosas como “trabajo”, “hipoteca”, “leyes”, “te multo si…”, sea muy difícil que nos paremos a pensar en la basura que nos lo ordena. Si alguien te pisa el cuello con el pie, es probable que no puedas verle el rostro. No se me malinterprete, no estoy haciendo un alegato anarquista: me gusta la democracia. Pero no me gusta esta democracia que vivimos ni tampoco mucho de lo que puedo observar, en la medida en que me dejan las televisiones, de las democracias de otras partes. No me gusta ver como, cada día más, se les ve el plumero a todos y como no dudan en hacer todos sus esfuerzos en recordar las libertades individuales: el último y más flagante son los movimientos entorno a Internet que están intentando llevar los del PSOE, aunque no digo que los del PP no hubieran pretendido lo mismo en el pasado.
Por tanto y para ir resumiendo que ya me he alargado bastante, busquemos un poco de perspectiva: no abracemos el “nuevo mundo” y sus nuevos valores como si fueran los únicos positivos, no desterremos totalmente lo que había antes, quedémonos sólo con lo positivo, con lo que no nos ate sino que nos haga más libres, pero siempre sabiendo que la libertad es una responsabilidad muy difícil de llevar y que el libertinaje siempre nos perseguirá. Como siempre le decía su tío a Peter Parket: “todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”, y está claro que la libertad es un poder, el poder de hacer lo que se quiera, pero no olvidemos la responsabilidad de hacer lo correcto no sólo para nosotros y no sólo para ahora mismo, sino para los que nos rodean y a algo más que el “corto plazo”. Vive la vida como si no hubiera un mañana, pero sabiendo que, muy probablemente, sí habrá un mañana y que no sea una mierda por haber sido tan “cojonudo” el hoy o el ayer.
Ah, y para los recalcitrántemente anti-religiosos, les recomendaría el visionado de “Dogma”, una película que habla sobre la religión cristiana en clave de humor pero con una gran cantidad de lecciones tanto para “un bando” como para el otro.
PD: Siento el rollo, pero me aburría ![]()
PD2: Lo he escrito del tirón, así que no tengáis muy en cuenta mis errores de expresión u ortográficos…















