La Profecía

666, el número de la Bestia. Sólo el diablo ha podido perpetrar semejante película. No ví la original, que seguramente fuera mucho mejor, pero este remake es una auténtica basura. El monumental enfado del que salí del cine se cimenta en 2 razones generales y 1 muy particular.
Entre las generales se encuentra la vergonzosa actuación de los actores y el patetismo de un guión y una trama desarrollada a golpes. Por un lado tenemos al protagonista, un hombre con tal cara de palo y tal inexpresividad, que más que diplomático podría dedicarse al Póker de forma profesional. No le va lejos la ex-mujer de Woody Allen, Mia Farrow, que con actuaciones como la de “La Profecía” justifica sobradamente que le dejaran por su hija adoptada, mucho más joven, bella, y sin ninguna duda, expresiva que ella.
La otra razón general es algo más subjetiva, pero no creo ser el único que lo piensa. Acepto las películas de terror tipo “Scream” o similares, donde empiezas a ver que algo malo va a pasar y te pones en tensión, preparándote para el momento en el que “el malo” salga con el cuchillo de cocina listo para filetearte cual Ferrán Adriá (deconstruyendo a la rubia, lo llamaría él). Pero en esta película lo que se prodigan son los “sustos absurdos”. Estos son los típicos sustos que ni esperas ni vienen a cuento. En concreto, no dejo de recordar una secuencia en la cual la protagonista se está cepillando alegremente los dientes cuando, sin mediar palabra, y al cerrar el espejo del típico armario de baño, aparece reflejado en el mismo una figura humana con una quijada de caballo por cabeza. Susto al canto, porque a ver que mente impertérrita sobrevive a semejante sobresalto sin ninguna razón aparente. Como ésta, hay unas cuantas secuencias más, y no entiendo qué tipo de gracia se le puede ver a experimentar semejante sensación desagradable, de extrema tensión.
¿He pagado 5 euros para que me hagan pasar 2 horas de mal rato? Creo que no… Y esta reflexión se enlaza con mi razón subjetiva para detestar aún más esta película: no aguanto las películas que terminan mal. Sé que sonará ñoño o infantil, pero si quiero ver desgracias, me pongo el telediario o la CNN, que me sale gratis y cuando no me interesa lo puedo quitar. Si voy al cine es para abstraerme de la realidad, pasar un BUEN RATO, y disfrutar, divertirme de alguna forma, ya sea con risas, con emoción por una secuencia interesante o intrigante, o con cualquier otro sentimiento positivo.
Conclusión, del 1 al 10, a esta basura le daría un… tiro al productor y al director en cada una de sus cabezas.
