Individualidad

Hacía mucho que no escribía en mi bitácora. Por desgracia, últimamente mis obligaciones universitarias han crecido exponencialmente y apenas tengo tiempo para nada más que para hacer prácticas y programar como un cosaco. Pero, en fin, dado que se supone que estoy de vacaciones (¡ja!), he decidido tomarme un segundo de tiempo libre para escribir una rayada que hace tiempo que da vueltas en mi cabeza, y para variar, hablar de algo que no sea ni política, ni deporte, ni nada útil como la informática. Esta vez sí, sólo será una parida.
Llevo tiempo pensando en el concepto de individualidad, y en cómo se viene haciendo últimamente comercio o marketing con el mismo. Me explico: cada vez nos intentan colocar más productos haciéndonos creer que si tenemos ese coche, esa colonia o ese reloj, seremos ÚNICOS. Creo que se basa en eso, en que alimentan la necesidad humana de sentirse especial. A nadie le gusta creer que hay otros por ahí campando iguales que nosotros, que seguramente nos puedan sustituir como a piezas. Tenemos la necesidad imperiosa de pensar que somos especiales por alguna razón, que tenemos algo que los demás no tienen. Tal vez sea algún tipo de reflejo de nuestro paso por la etapa de monos, tal vez esa idea de estar por encima de los animales se alimenta en base a creer que ya, nunca más en la historia de nuestra evolución, formaremos parte de rebaños o manadas y seremos sólo un chimpané más.
Pero no, yo creo que no es así, que más bien caminamos inexorablemente hacia todo lo contrario. Cada vez somos menos especiales, cada vez somos más comunes, más uniformes, más semejantes unos a los otros. El pensamiento único se impone por todos lados, da igual que seas de izquierdas o de derechas, de arriba o de abajo, poco a poco ambos polos se acercan más y nos van metiendo más y más en un saco que beneficia a quien vive de controlar las masas. Necesitan, los de arriba, los que mandan, de un lado y del otro, asegurarse de que no vamos a actuar de forma que ellos no tengan prevista. Necesitan asegurarse de que no nos saldremos de los cauces establecidos, que no “tiraremos las patas por alto” como se dice vulgarmente. Al fin de cuentas su supervivencia depende de eso, y a fe que hacen bien su trabajo. Lo están consiguiendo lentamente, y ese alimentar el deseo natural de individualidad con productos de consumo es la mejor idea que han podido tener. Nos metemos en una espiral de consumismo para asegurarnos todas esas cosas que creemos que nos harán diferentes, y ese consumismo es el que nos encierra en la espiral del “Sistema”, el que nos convierte en parte de la maquinaria del Estado, en otra pieza más.
Y ya, para rematar la parida, me voy a permitir el alarde de comparar toda esta situación con Matrix. ¡Qué friki! Lo sé, no puedo abstraerme de mi condición, antes que humano soy informático. ¿Cómo establecer el simil? Es fácil. Igual que los humanos eran pilas para alimentar a las máquinas en Matrix, en el mundo real somos piezas para engranar la gran máquinaria del Estado, e igual que en Matrix los humanos eran ignorantes de su condición de meros generadores eléctricos, y vivían con sus aspiraciones, sus sueños y sus miserias, en un mundo especialmente creado para que pudieran ser felices y generar más, así vivimos nosotros en este mundo pensado para dar lo mejor de cada uno a un ente “superior” del cual no tenemos constancia. Somos pilas. ¿Qué nos queda? Yo espero ser una Duracell, otros que se queden con ser una Cegasa
