Reflexiones botelloneras

Menuda se ha montado con el botellón. Aquí en Salamanca, a pesar de ser una ciudad relativamente pequeña, nos las hemos apañado para montar el suficiente follón como para salir en todos los telediarios. Una lástima que no hayamos aparecido por algún descubrimiento, avance, evento cultural, o noticia de parecida índole.
En cuando al asunto en sí, debo confesar que me pilló de lejos. Mis días de vándalo destructor de moviliario público me quedan tan lejos como que nunca me llegaron. En cualquier caso, me gustaría hacer un par de reflexiones sobre este suceso:
- Que los jóvenes tenemos derecho a divertirnos es algo que debería ser un axioma para todos, jóvenes y no jóvenes. A muchos que ya no lo son se les olvida lo que hacían ellos a nuestra edad. Y en el supuesto caso de que ellos no se divirtieran porque prefirieran pasarse el día en casa diseñando sus futuras y patéticas carreras políticas, el caso es que los que estamos aquí ahora queremos pasárnoslo bien.
- Que los jóvenes tenemos el deber de divertinos sin molestar a los demás, también debería ser un axioma para nosotros. No se puede “consumir” un espacio público hasta reducirlo a la nada como se está haciendo en muchos sitios. Quiero decir, que no tenemos derecho a plantarnos en alguna plaza o parque de la ciudad de turno, llenarla de vasos y botellas rotos, de meadas, pintadas, vómitos y demás lindezas, de ruido infernal hasta las X de la mañana (donde 1 AM < X < 5 AM), destrozar unas cuantas papeleras y portales cada fin de semana, etc. Sé que la mayoría no van a hacer ese tipo de cosas, o al menos no todas juntas a la vez, pero la masa es lo suficientemente ingente como para que, si cada fin de semana, durante 2 o 3 días, nos plantamos en un lugar, todo aquello con vida que habite cerca (personas, animales, plantas) sufra las consecuencias gravemente. No quisiera yo tener a la puerta de mi casa, cada semana, a la masa botellonera, y eso a pesar de tener 23 años.
- Que los políticos de la mayoría de ciudades españolas, y muy concretamente de la salmantina, se la sudamos abiertamente los jóvenes, es un HECHO. Y es especialmente triste que eso pase en Salamanca porque si no fuera por la Universidad, y en definitiva, por la gente joven, esta ciudad sería un cementario. Algo así le pasa a la vecina Zamora, llena de ancianos. Yo no tengo nada en contra de la gente mayor, pero está claro que la salud y la vitalidad de una ciudad no la portan los mayores de 50, sino los menores de 35. Por tanto, Salamanca le debe lo que es a la gente joven, y sin la gente joven no sería nada. Salamanca necesita más a la gente joven, de lo que la gente joven necesita a Salamanca, pues esta ciudad no nos ofrece grandes perspectivas de futuro, y parece que, últimamente, se empeña también en no ofrecérnoslas en el presente. Por tanto, opino que algunos politicuchos que viven de hacerse la foto con unos papeles que finalmente no fueron capaces de mantener aquí, deberían ahora, pasada esa tormenta, dedicárse más activamente a darnos “gusto” a los que mantenemos en pie su ridícula bola de barro con aspiraciones de Ciudad Patrimonio de la Humanidad. La otra opción es convertirla en un museo del pasado, muy bonito eso sí, lleno de gente del pasado.
- Y por último, que los jóvenes somos lo peor, o al menos en este país. Veo estos días por televisión la impresionante revuelta organizada por los estudiantes franceses, y escucho a unos cuantos analistas políticos comentar, seriamente, que el gobierno de Dominique de Villepin corre un serio riesgo enfrentándose de esa forma a los estudiantes, pues desde Mayo del 68 ningún gobierno ha ganado unas elecciones con la oposición firme de los estudiantes. ¡Eso es poder! ¡Qué envidia! Un país donde la opinión de la gente joven es tan respetada y tan tenida en cuenta. Pero claro, eso hay que ganárselo. Aquí, mientras tanto, tenemos viviendas del tamaño de un Whooper, a pesar de que recientemente leí, vía Meneame, que en Madrid había una vivienda por cada 1.7 habitantes. Está claro que no es escasez, sino vergonsoza especulación. Todos lo pagamos, jóvenes y no tan jóvenes, pero sobretodo nosotros que con los ridículos sueldos que empezamos a cobrar cuando salimos de la Universidad, tenemos que pagar desorbitantes cuotas de hipoteca. La mayoría, evidentemente, no pueden, por lo que tienen que cambiar de vivir con los padres a vivir con otros de la misma edad, para entre todos pagarse un alquiler (también por las nubes) de una casa digna.
¿No es ese un motivo muchísimo más justificado para manifestarse agresivamente y crear polémica y hacerse oir? ¿Es más importante las borracheras baratas de los fines de semana que la precariedad laboral, la especulación inmobiliaria y la dificultad para labrarse un futuro dejo del cobijo de los padres? Sinceramente, he ido a una única manifestación en toda mia vida (aquella convocada con motivo del secuestro de Miguel Ángel Blanco), pero estaría dispuesto a ir a unas cuantas por algo que creo que afecta al futuro de todos, de izquierda y de derecha, pobres y ricos. Nadie quiere pagar de más por su vivienda, tenga o no dinero, ni quiere tener un trabajo de mierda.
Por eso, creo que esa nueva publicidad de Burguer King, que en un primer momento puede levantar una cierta “ira” por reirse de esta situación tan difícil a la que nos enfrentamos, es totalmente justificada y merecida por el pasotismo de esta generación (y no quiero pensar como será la venidera) de gente que prefiere quemar un contenedor porque le quieren quitar su cubata, que porque le quieran robar por su futuro techo.

Como soy un poco caótica voy a intentar ir por partes para que este comentario no quede muy ininteligible.
Primero decir que Salamanca me encanta, que para ser tan pequeña tiene tiendas interesantes para los frikis y que es cierto que sin la universidad estaría más que muerta.
Segundo, España es diferente y aun nos queda mucho camino por recorrer para situarnos al nivel de Europa. Tenemos lo malo de los europeos pero no hemos conseguido imitar cosas buenas.
Tercero, por mucho que me pese (he tenido bastantes broncas con gabachos) Francia debería ser un espejo donde mirarnos y de la que aprender. Es nuestro vecino y un país donde se les dan ayudas a las familias (en España están las que están y así estamos a la cola en el índice de natalidad), donde los sindicatos tienen fuerza… y la educación es de verdad.
Opino, que si en Francia el tema prospera en España nos encontraremos con el contrato este para menores de 26 (despido libre) en menos que canta un gallo, asi que les deseo a los estudiantes franceses que logren su objetivo.
Y creo también que todo no está perdido, que en España también podría suceder un levantamiento como el de nuestros vecinos, casi se consigue con la LOU, sólo nos falta creer que podemos ganar.
Comment by Eriwen — March 19, 2006 @ 9:24 pm