Infame Zapatero

El grado de infamia que este amago de político es capaz de acumular alrededor de su persona roza lo esperpéntico. Estos días ha demostrado lo poco que le importan las víctimas cuyo dolor no puede amortizar políticamente obviando su presencia en el reciente congreso de víctimas del terrorismo, en el que, evidentemente, la presencia de víctimas de ETA era mayoritaria con respecto a otras víctimas que le dan mejor rendimiento.
Temeroso, quizás, de que estas víctimas le echaran en cara sus oscuras negociaciones con ETA sin luz ni taquígrafos (que es como se deben hacer estas cosas) y sin ni siquiera mediar una tregua total por parte de la banda armada, decidió excusar su asistencia por una supuesta apretada agenda. Debe ser que el reunirse con altos miembros de La Caixa para ir a rascarles un poco la espalda le lleva un tiempo exagerado. Total, que el infame decidió dejar de lado a estas víctimas, con la excusa (conforme las críticas arreciaban) de que les recibiría posteriormente en La Moncloa para conocer sus inquietudes (¡ja!).
Y efectivamente, esa posterior reunión se produjo. En el transcurso de la misma, la madre de Irene Villa, que tuvo que ver como su hija perdía las 2 piernas y que ella misma sufrió parecidas heridas, se acercó a Zapatero para comentarle, apesadumbrada, que ella siempre había sostenido ante sus hija que los políticos estarían de su lado y les defenderían, que siempre podrían contar con ellos, con su ayuda y su apoyo. Esta mujer se encuentra ahora contrariada ante el hecho de que en una hipotética paz no haya términos de vencedores y vencidos, y que por tanto se equipare a asesinos con víctimas, como si todos fueran culpables de los mismos pecados. Me imagino la rabia o el dolor que tienen que sentir estas personas que han perdido a familiares, hijos, hermanos o padres porque otros que se supone serán equiparados con ellos en un posible final del proceso, decidieron “resolver” sus problemas a tiros y bombas.
Hasta aquí, algo normal, pero la infamia empieza con la reacción del personajillo. En lugar de soportar estoícamente las críticas, merecidas y justificadas, decidió salir al paso con una frase que pasará a la posteridad como una de las más vergonzosas que hayan salido de la boca de alguien cuyo intelecto se le supone preparado para gobernar una nación: “a mi abuelo también lo mataron en la guerra los fachas”.
¡Oh los fachas! Supongo que el hecho de que este señor perdiera al abuelo que nunca conoció en un conflicto bélico, es equiparable a que una madre vea como le arrancan las piernas a su hija mientras pasea tranquilamente por la calle, un día cualquiera. Es exactamente lo mismo, igual de doloroso, igual de terrible. El personajillo ni siquiera aclaro en parte su frase, prefirió dejar la pesada losa de su estupidez sobre la mesa y continuar adelante convencido de que su verborrea le había sacado del apuro, sin darse cuenta de que le había metido en el mayor posible.
Sinceramente, no se qué reacción tendría la susodicha madre, pero yo hubiera sentido deseos de arrancarle las piernas a este señor, para que realmente supiera hasta que punto resulta patético que se atreva a comparar su dolor de “nieto” con el dolor de la madre. Tal vez, hubiera sido mejor arrancar las piernas de sus hijas, o ponerle la bomba a su mujer en ese piano que tanto le gusta tocar. Tal vez así mediría un poco más sus palabras antes de dejarlas caer por esa boca de asno que payaso de circo o los genes decidieron ponerle.
En fin, una nueva demostración de que con semejante dirigente, la verguenza nacional está asegurada.

No se puede comparar en ningún caso a un militar caído en una guerra, a una niña inocente víctima de la barbarie terrorista.
Y le recuerdo al señor Zp, que no fue sólo él el que perdio a su abuelito en la guerra… Menudo patán, un gilipollas de tomo y lomo es lo que es
Comment by Nightshade — February 23, 2006 @ 6:56 pm