Más funcionarios
Es maravilloso comprobar como la supervivencia de esa subraza humana conocida como “Funcionarios” está asegurada. Hoy he podido comprobarlo empíricamente y me siento mucho más tranquilo, el buen funcionamiento actual de nuestras instituciones públicas está a salvo.
La prueba ha sido sencilla: 11 de la Mañana, paseito por las 5 plantas que suman las bibliotecas de Zacut y Libreros, y ni un sólo sitio libre para poder sentarme a estudiar el examen que me espera el próximo miércoles. Dadas las circunstancias, y contando con que entre ambas bibliotecas cabrán más de 500 personas holgadamente (seguro que muchas más, pero nunca se me dieron bien ese tipo de cuentas), cualquiera pensaría que la generación universitaria está comprometida con el estudio y el esfuerzo como vías para obtener los mejores resultados en los exámenes; es decir, una actitud que nada tiene que ver con la típica del funcionario medio. ¿Dónde está la relación, pues?
Muy sencillo, en el hecho de que los sitios estaban ocupados por folios y no por personas… ¿Dónde está la gente entonces? En el camino entre Libreros y Zacut pude comprobar que lo que realmente estaba a reventar eran las calles y cafeterías/bares colindantes, llenos de estos futuros funcionarios que ya empiezan a asimilar el protocolo básico: “Levántate pronto, vete a fichar (dejar los folios en un sitio libre), y acto seguido dirígete lo más rápido posible a un lugar donde te pongan el cafe/cervecita que te permita poder ocupar las próximas 2 horas de tu tiempo libre (en el caso del modelo “trabajador” de la especie) o el resto de la mañana (para los funcionarios pura sangre)”.
Cualquiera podría pensar que es una verguenza, que estos personajillos no deberían tener esos folios ahí reservando un sitio del que no van a hacer buen uso durante toda la mañana y quien sabe cuánto más tiempo. Por suerte para ellos y desgracia para los pocos que vamos a las bibliotecas a estudiar y preparar exámenes, cuentan con el apoyo de “sus mayores”, esos ejemplos de funcionariado que controlan las bibliotecas y que, por no desgastarse, son capaces de pasarse las largas horas de “dura” jornada laboral delante de un PC mientras observan trapitos y baratijas vía Ebay (verídico 100%) en lugar de pasearse por las plantas para ir retirando los folios que reserven un sitio por más de media o una hora, a conveniencia del centro.
Tal vez los más suspicaces podrían decirme que yo también tuve esa época, en los primeros años de carrera, en la que ir a la biblioteca a estudiar era poco menos que un “mito”, algo que sólo hacía cuando la necesidad me apremiaba terriblemente. Os tengo que dar la razón, pero establezco una diferencia: yo no era tan jodidamente gilipollas de madrugar un domingo para ir a poner unos folios, reservar un sitio, y acto seguido irme corriendo a por el café. Si me levanto (y este pensamiento debería ser para ellos tan lógico como lo es para mí), si me animo a madrugar, por lo menos que me cunda, por lo menos que me sirva para algo, porque si para lo único que me va a servir es para irme a tomar algo con los amigos, ¿no sería mucho más inteligente quedar más tarde y no tener que levantarme con las ojeras?
Aunque claro, tal vez esto lo hagan para cubrirse las espaldas de cara a los padres, y decirles cuando les caigan los carros de suspensos que “no puede ser, me levantaba hasta los domingos para estudiar papi…”. Esta actitud de escaqueo de los problemas y disculpas y evasivas baratas vendría a ir en sintonía con el futuro “yo no puedo hacer más” que tan en boca de los funcionarios podemos escuchar, luego no debería sorprenderme. Como dice el refrán castellano, “de aquellos polvos estos lodos”…
En fin, mientras tanto, ahora en mi vida universitaria, o en un futuro espero, seguiré buscándome la manera de trabajar, aunque tenga que ser con cierto ahinco, porque alrededor siempre existirán los que buscan con aún más ahinco la manera de no tener que hacerlo.
PD: Me despido con un alto y claro “Putos Funcionarios y putos los aprendices”.
