!Ya estan aquí!

Este título, que bien podría ser el grito de guerra de alguna niña de película de miedo, más bien se corresponde con la llegada a Madrid de los 4 Fantásticos, a la sazón Maragall, Carod, Mas y el 4º del tripartito y que nadie conoce (yo por lo menos no se cómo se llama). Han llegado dispuestos a deconstruir, como diría Ferrán Adriá, el estado español. Ya no seremos más tiempo una nación, sino una nación de naciones, una alianza de civilizaciones (éste es el término que le gusta a ZP) o un conglomerado de apátridas. Yo ya me empiezo a hacer a la idea de que una de las muchas comunidades que forman este país (para mí sigue siéndolo) decida los designios de todas las demás. Ya me voy imaginando que pronto, en mi pasaporte, pondrá de procedencia “estadoespañolense” o algún otro término que tengan a bien acuñar los superhéroes del Estatut.
Pero una duda me corroe. Hace unos cuantos meses, el Señor Spok venido de las Vascongadas fue firmemente rechazado por el PSOE y el PP en sus intenciones separatistas. Recuerdo ese recibimiento de ZP seco y sin sonrisa (¡increíble!) mientras el otro agachaba sus punteagudas orejas. Se comportó como tiene que comportarse el presidente de una nación (entonces aún lo eramos) y le dejó bien clarito que, para hablar en plata, podía meterse el Plan Ibarreche por el culo. ¿Por qué ahora no son tan firmes con el plan Carod?
No todos, aún quedan personas con la suficiente integridad y honestidad como para ponerse por delante de este atropello constitucional. Hablo de Bono e Ibarra, claros ejemplos de políticos al servicio del pueblo. Más de estos políticos querría yo para España y para Castilla y León en concreto. Tengo muy claro que si mañana se presentara Bono a las elecciones, iría el primero a votarle, porque independientemente de sus pensamientos políticos, de momento ha hecho de la honestidad y la firmeza en sus ideales, su signo de identidad. Más Bonos e Ibarras, y menos lameculos (y eso también aplica para el PP).
En fin, volviendo a la cuestión, tengo claro que este estatuto, si se aprueba, será el principio del fin de España como concepto de nación. No me creo a todos los progres de medio pelo que nos venden que sólo es una terminología lingüística, que el término “nación” no implica nada. A estos les diría que si las palabras de Maragall en el discurso del día de la aprobación del estatuto en Cataluña al respecto de que “era hora de que el resto de comunidades volarán por su cuenta” no es una clara invitación a la insolidaridad y el segregacionismo… es que no se quiere mirar a la realidad.
Pero eso sí, cuando llegue el momento de tragar y vivir en un estado diseñado por gentes de pueblos “extranjeros” como ellos se definen, sus productos, por mi parte, podrán ir metiéndoselos poco a poco por el culo, botella de cava a botella de cava, libreta de La Caixa a libreta, hasta que revienten de catalanidad.
