Avalancha en la valla

El otro día estuve viendo unas imágenes del estado en el que estaban los inmigrantes subsaharianos que acababan de pasar la valla, después de un largo viaje desde sus paises de origen. No me suele enternecer la tele mucho, normal si llevas viendo desde pequeño las “preciosas” imágenes que nos ofrecen a diario los telediarios, pero esta vez realmente me dio pena lo que vi.
A partir de aquí, la reflexión más sencilla sería abrir el paso a toda esta gente. Si buscan una oportunidad, ¿por qué no dársela? Pero si se llega más allá de la reflexión gentil y solidaria, cabría preguntarse como puede asimilar el mercado laboral español el constante chorro de inmigrantes. La cuestión es que la inmigración, a las dosis justas, es muy buena, pero en exceso como se produce ahora, está originando una gran cantidad de problemas.
Para empezar, el aumento de la delincuencia. Esto no se tiene que tomar como acusar a los inmigrantes de delincuentes, sino simplemente que, dadas sus condiciones desesperadas, tienen más facilidad para cometer algún tipo de delito. Es decir, yo si estuviera pasando hambre, necesidades, o si alguien de mi familia estuviera en esa situación, también robaría, mataría y descuartizaría ![]()
Por tanto, entiendo que hay que regular estos flujos migratorios porque pueden terminar por suponer un grave problema para la sociedad española. No se trata de darles la espalda a aquellos que sufren, pero tampoco abrirles una puerta haciéndoles creer que van a tener una vida mejor, cuando es posible que no sea así.
En tal caso, si la regulación es necesaria, está claro que hay que intentar impedir el paso masivo de inmigrantes, ya sea a través de las vias marítimas como de las terrestres a través de la frontera con Marruecos. Aquí entra en juego los intereses políticos, que siempre tienen que aparecer en todas partes. No me parece ni casualidad todos los movimientos que, entorno a la valla, se han sucedido en los últimos días, sobretodo si se tiene en cuenta la cumbre Hispanomarroquí de estos días. El hecho de que Marruecos utilice a los inmigrantes ilegales como arma arrojadiza contra España me parece patético, y demuestra muy a las claras la clase de gentuza que gobierna el país vecino, ese mismo país al que muchos miran con buenos ojos y con indulgencia, a pesar de episodios como los de Perejil, el problema saharaui o la presión a la que siempre han sometido a nuestros pescadores, a los que llegaban a “asaltar” a punta de metralleta. Curiosa su capacidad para controlar a barcos en alta mar pero no a paisanos pegados a una valla de 3 metros y con escaleras artesalanes.
La última, la de los 2 inmigrantes muertos a sus manos, y cuyo asesinato han querido colgar a la Guardia Civil, me ha parecido penoso. Y no menos alarmante es la poca colaboración que han ofrecido tras el atentado del 11-M, plasmado en el episodio reciente en el que unos investigadores de El Mundo localizaron en una terraza de Tánger a uno de los implicados en los atentados y que, según la policía marroquí, estaba desaparecido…
Por todo esto, yo digo NO a la entrada masiva de inmigrantes, y digo SI a apretarle las tuercas al máximo, a intentar ahogar todo lo posible políticamente hablando, a este país vecino que se dedica sistemáticamente a jodernos.
